Un grito de ayuda
- The Useless Runner

- Apr 21
- 2 min read
Fatiga
"Un estado o actitud de indiferencia o apatía provocado por una sobreexposición."
He pensado en muchas maneras de escribir esto. Pero cuanto más lo pienso, menos idea tengo de cómo expresar lo que siento. Estas no son cosas fáciles de escribir o decir, y aún más difícil cuando no logras encontrarte a ti mismo en la jungla que te rodea. Porque sabes cómo te sientes, pero no sabes cómo decir lo que quieres decir.
Quieres que te entiendan, pero al mismo tiempo te cierras al mundo, porque sientes que no tiene nada que ofrecerte… porque tú ya no tienes nada que dar.
Hoy escuché la expresión: “cuando la vida se siente demasiado pesada para cargarla”, y me hizo pensar en todas las cosas que tengo que llevar conmigo a donde vaya. Las cosas mundanas que hacemos cada día sin pensarlo. Las preocupaciones profundas que cargamos. Nuestras inquietudes. Todo aquello que no mostramos. Los sentimientos que llevamos dentro.
Al final, lo único que importa es cumplir con lo que tenemos que cumplir, y hacer lo que se espera de nosotros. Nada más se exige, porque la vida es así.
Todos llevamos este peso sobre los hombros, y aun así nunca nos detenemos a pensar en ello. Tampoco sabemos cómo expresar esos sentimientos a los demás, porque o no podemos hacerlo o no nos sentimos cómodos haciéndolo.
“No estás perdido, estás aquí.”
Nunca sabemos realmente lo mal que estamos hasta que vemos a alguien que lo está pasando peor que nosotros. Es esa perspectiva la que nos da un lente mas adecuado para analizar nuestra vida y entender cómo lidiar con nuestros problemas… que en realidad no son problemas, son preocupaciones.
Pero se mezclan con nuestros sentimientos. Y ahí es cuando la cruz se vuelve demasiado pesada para cargarla. Porque no lo expresamos. O peor aún, intentamos expresarlo, pero no llega a nadie. Simplemente se pierde en el viento, desapareciendo en el aire, para siempre.
No importa cómo te sientas, nadie puede entender realmente lo que significa para ti, ni cómo te afecta.
Mis problemas pueden no ser relevantes para otros, y tampoco quiero cargar a nadie más con mis preocupaciones.
Entonces, ¿cómo conectarnos?
¿Cómo encontramos esa mano que ayude, que entienda nuestra posición y que al menos intente comprender por qué esas cosas nos pesan… pero a otros no?
¿Es ese grito de ayuda algo que realmente necesitamos en nuestra vida?
Nunca lo sabré.
Porque elegí no hacerlo. Elegí hacer lo que se espera de mí, y no cuestionar por qué tiene que ser así.
No espero nada de nadie. De esa manera, todas las cosas buenas que recibo de quienes están cerca de mí me llenan de alegría y gratitud. Porque lo hacen con intención, con propósito, con amor.
Es una forma muy simple de vivir mi vida, porque no puedo decepcionarme si no espero que nadie me escuche, me entienda o me ayude.
Es como “Bitter Sweet Symphony”… la vida sigue y sigue.
Hacemos lo que tenemos que hacer.
No esperamos que nadie nos salve de nosotros mismos, porque nadie sabe realmente cómo te sientes ni cómo te afectan las cosas de la manera en que lo hacen.
La vida sigue.
Yo sigo.
No paro. No por elección, no porque no quiera… sino porque no puedo.
¿Y tú?



Comments