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Realidad

  • Writer: The Useless Runner
    The Useless Runner
  • Jun 9
  • 4 min read

Gratitud [sustantivo]

"Un fuerte sentimiento de aprecio hacia alguien o algo por lo que esa persona o circunstancia ha hecho para ayudarte."


Escribo esto desde lo más profundo de mi corazón. Así de simple.


Durante mucho tiempo pensé que la aceptación significaba rendirse. Asumía que si no podía hacer algo, simplemente significaba que tenía que esforzarme más para conseguirlo. Solo ahora, a través de una perspectiva diferente moldeada por mis experiencias de vida, estoy empezando a comprender las consecuencias de mis acciones. Puede que mi experiencia no sea extensa, pero ha sido suficiente para hacerme reflexionar profundamente sobre a dónde me han llevado ciertas decisiones.


Es muy difícil aceptar cuando algo está llegando a su fin. Darse cuenta de que quizá comenzaste este viaje un poco tarde y que todos esos años de tu vida adulta podrían haberse utilizado mejor, con un propósito diferente. No me arrepiento de la forma en que he vivido mi vida. Simplemente me hubiera gustado que algunos objetivos hubieran aparecido un poco antes de lo que lo hicieron.


Mi vida como deportista amateur me ha enseñado muchísimo sobre mí mismo. He soportado dolores que nunca pensé posibles. He vivido lo bueno y lo malo. Perdí a mis padres y forjé nuevas amistades. Abracé la idea de un mañana mejor y me concentré en hacer que las cosas sucedieran; todo ello mientras criaba a dos hijas y cuidaba de un hogar. Han sido años verdaderamente maravillosos, desde que volví a montar en bicicleta en 2011 hasta completar dos Ironman de media distancia en Portugal.


Parte del viaje consiste en aceptar cuando las cosas cambian y cuando tu voluntad de hacer algo es superada por esos demonios que siempre te han perseguido, que te arrastran hacia abajo y te hacen dudar de si realmente estás hecho para ciertas cosas. Pero sigues adelante, porque así es como aprendiste a vivir tu vida, y porque así es como se consigue el éxito.


O al menos eso era lo que yo pensaba.


Mi problema ahora mismo no es la falta de deseo ni la falta de voluntad. Mi problema es que me niego a aceptar que no soy capaz de alcanzar ese objetivo monstruoso de la manera en que mi mente me dice que debería hacerlo. Y esto supone un golpe enorme para mí, porque nunca en mi vida he dejado de hacer algo porque no pudiera hacerlo; solo he dejado de hacerlo cuando no he querido.


Pero ahora mi cuerpo me está diciendo que no puede.


Y necesito escucharlo.


Los últimos dos años han sido los peores años de mi vida a nivel físico. No porque no fuera consciente de lo que estaba ocurriendo, sino porque algo aparentemente simple fue convirtiéndose en otra cosa hasta que finalmente terminé en un lugar demasiado familiar; un lugar del que tantas veces había logrado escapar simplemente esforzándome más.


Pero esta vez ya no puedo seguir adelante solo a base de esfuerzo.


No me queda eso dentro. No es en mi cabeza, pero mi cuerpo.


La aceptación es peor que mi mayor decepción, pero es donde comienza el progreso. Y aunque no quiero decir "nunca más", sí puedo afirmar con absoluta certeza que, por ahora, necesito ocuparme de hábitos pequeños y fundamentales para volver siquiera a sentirme yo mismo. Porque ahora mismo no reconozco al hombre que veo en el espejo. Estoy derrotado, y mi cuerpo me recuerda este hecho durante todo el día, todos los días. Constantemente.


Siempre llevo esta cruz sobre mi espalda. La cruz de quienes ya no están con nosotros. Y he convertido en una misión personal hacer cosas por ellos, honrarlos, no olvidarlos nunca. Lo hago con orgullo, porque ellos pagaron el precio más alto, y yo sigo aquí, viviendo, intentándolo, haciendo cosas que jamás pensé posibles.

Pero todo tiene un precio.


Y yo he pagado el mío.


¿Cómo puedo hacer cosas por ellos si ni siquiera soy capaz de hacer cosas sencillas por mí mismo?


Siempre entreno según cómo se siente mi mente, no según cómo está mi cuerpo; y esto no puede continuar, porque el resultado que deseo no es el resultado que obtengo. La realidad golpea duro, y últimamente me ha golpeado más fuerte de lo que jamás imaginé. No puedo seguir fijándome objetivos imposibles, entrenando como siento que debería entrenar o como creo que merezco hacerlo, porque no estoy ahí. Y hace mucho tiempo que no lo estoy.


Tengo que aceptar eso.



Esta es la realidad. Y es un hecho. La aceptación forma parte de la solución a este problema, porque no puedo seguir engañándome pensando que sigo ahí arriba, empujando fuerte y haciendo cosas difíciles.


Porque la realidad es muy simple. No lo estoy.


Nada me inspira más que pensar en lo que una vez fui y en los grandes logros que conseguí durante esos quince años. Pero no puedo vivir mi vida pensando que ahora mismo tengo la capacidad de mantener aquello al nivel que siento que merezco. Simplemente no puedo. Necesito vivir mi presente tal y como es y abrazarlo.


Acéptarlo. Y agradecer lo que una vez fue.


Porque lo tuve. Lo disfruté. Y fue maravilloso.


Y sí, quiero volver a sentirme así.


Gracias por leerme.

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